Este es mi descubrimiento del 2017, ha desbancado todas mis salsas de tomate frito…..y precisamente, en esta receta no se fríe nada, ¿quizás es ese el secreto?

Ideal, para pasta, pizza, con arroz blanco….todo un básico.
El toque de albahaca es sensacional, menos mal que ya es fácil de encontrar estas aromáticas hojas sin recurrir a la versión seca y triturada.

En la receta original de “La Cuchara de Plata” indica que se puede hacer con tomates naturales pelados y sin semillas (yi usi un kilo de tomates muy maduros).

La primera vez que hice la receta, traté de hacerla lo más natural posible, escaldando los tomates para pelarlos y quitarle las pepitas, nos encantó el resultado y surgió nuestro "amor a primera vista".

Ahora bien, la realidad impera, y cuando vi que volcando una lata de tomates del supermercado me ahorraba más tiempo con resultado parecida, volví a caer en la rutina de los estabilizantes y conservantes, pero...¿qué le vamos a hacer?

Siempre que puedo intento hacerla con tomates naturales y en este caso, la sal, que omito cuando la hago con tomates enlatados, es necesaria.

Ingredientes para 4 personas:

1 lata de TOMATES PELADOS (800g)
2 cucharaditas AZÚCAR
1 pizca de SAL (aunque no le hace mucha falta)
4 dientes de AJO picados
2 cucharadas de ACEITE DE OLIVA
10 hojas de ALBAHACA desmenuzadas

1.- Poner los tomates (tomates y jugo, si son en lata) en un cazo de base gruesa. Añadir el azúcar, el ajo y la sal.
2.- Tapar el cazo y cocer a fuego lento durante 30 minutos SIN REMOVER. El tiempo depende del agua que suelten los tomates.
3.- Chafar los tomates con una cuchara de madera y cocerlos 15 minutos más. (La cocción extra solo si se han usado tomates en lata)
 
4.- Retirar el cazo del fuego y dejar enfriar la salsa.

5.- Añadir el aceite y la albahaca desmenuzada.