Patrimonio gastronómico español…y de mi MADRE, son muchas las comunidades que se disputan su origen, pero, ¿para qué?....¡si  la mejor leche frita es la de mi madre!

En casa la masa no lleva huevo…el huevo está en el rebozado, y como me crié comiéndola así, así la hago yo.

La masa, aunque compacta, no debe estar cómo un “mazacote”, tiene que estar  blandita y que casi se deshaga, es más difícil de freír, pero merece la pena.

¿Cuáles son los trozos mejores?........pues los que están abajo del todo, claro,….. los primeros en poner en la fuente.
El azúcar y la canela que con el calor se han convertido en un jarabe, empapan los trozos y los hacen más jugositos.

Un secreto: Cuando mi madre pone la fuente en la mesa, suelo hacerme un poco la “longui” y no servirme hasta que la primera capa desaparezca, y ahí empiezo yo.

Aunque reconozco que me encantan, no es comparable a mi hermana Sara. La he visto comerse cantidades ingentes a la hora de la merienda ”porque con el estómago lleno no saben igual”….(ni tampoco le caben tantas).
 
1 litro de LECHE

150 g de AZUCAR

1 pizca de SAL

1 cáscara de LIMON

110g de MAICENA (esta es la cantidad límite)

ACEITE  DE GIRASOL
AZUCAR
CANELA

Apartar ½ vaso de leche y reservar.

Poner el resto de la leche en una olla con la cáscara del limón. Y poner a calentar.

En otra olla, mezclar bien la maicena, el azúcar y al sal.

Echar el ½ vaso de leche reservado poco a poco sobre la mezcla de maicena y azúcar.

Disolver bien la maicena y leche con las varillas manuales hasta que no queden grumos (si es necesario, pasarla por un colador). Reservar.

Cuando la leche que está en el fuego  empieza a hervir apagar el fuego, dejar reposar 4 minitos y sacar la cáscara de limón.

Echar la leche caliente removiendo con movimientos circulares y en la misma dirección con una cuchara de madera sobre la maicena disuelta.

Sin parar de remover,  poner la olla a fuego lento unos 5 minutos para eliminar el sabor de fécula.

Prepara una bandeja plana echar la crema sobre la bandeja de manera que quede un grosor de 1-1.5 cm de espesor.

Dejar enfriar.

Una vez esté fría, cortar en cuadrados.

Rebozar cada cuadrado en harina
Luego pasar por huevo batido.

Freír en abundante aceite bien caliente.

Cuando estén dorados por ambas partes, sacarlos y colocarlos en una fuente.

Nada más sacarlos del aceite espolvorear bastante azúcar y luego un poco de 
canela.

Servir a temperatura ambiente.

Comer con tenedor