La yuca es un tubérculo bastante duro es por ello NO hay que tratar de pelarla como si fuera una patata. Correríamos el riego de que se te escape el cuchillo y tengas un accidente.
Lo primero que hay que hacer es quitarle las puntas.
  
Los extremos cuestan más debido al “tronquito” interno que atraviesa longitudinalmente el tubérculo.

Una vez eliminados los extremos, cortamos trozos transversalmente de manera que así se hacen más manejables.

El color blanco denota el buen estado de esta pieza, si tuviera partes grisáceas o marrones abría que eliminarlas.
 
Coger cada trozo uno de los trozos y ”rajar” la corteza con un cuchillo.
La corteza no es tan dura como la parte blanca, por lo que si insertas el  cuchillo entre la corteza rosácea y dicha parte blanca, no hace falta cortar.
 
Simplemente deslizando el cuchillo entre estas partes y haciendo “palanca” con el cuchillo, se pela con mucha facilidad.

Como veréis la corteza es muy elástica por lo que resulta fácil eliminar la piel de una pieza.
 
Una vez pelados, podéis quitarle el “tronquito” interno ya que es amargo e imposible de masticar.

Yo sólo lo dejo cuando la hago hervida (sancochada), así no se deshace y normalmente el comensal procura retirárselo en el plato. Parece un cordón de esparto…..pura fibra inmasticable….

Bueno, para retirar el centro basta con cortar por la mitad y retirarlo.

 
En el caso de las yucas que compramos en España no hace falta prácticamente lavarlas porque no llevan tierra y en su lugar le ponen una cera orgánica para  su comercialización sin que no se oxiden, ni se deshidraten, no pierdan todo su almidón….en definitiva, tratar de conservar todas sus propiedades.

Aunque cómo pasa en todo: No es igual que comerlas en su país de origen…….pero a falta de pan, buenas son tortas……y las tortas de casabe…...pan de dioses…..

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